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LOS DOMINICOS Y SU MISION EVANGELIZADORA EN TUNJA

                                                   

La Orden de Predicadores, desde sus comienzos en el siglo XIII,  se dedicó intensamente con el ministerio de la palabra al anuncio del Evangelio en el mundo conocido y en el que estaba más allá de las fronteras que poco siglos más tarde sería descubierto las tierras de América.

En la hueste de los santos de la orden,   Fray Giovanni da Fiésole, más conocido como Fra.   Angélico en el campo artístico internacional,  descubrió otro estilo particular de predicación a través del arte como medio de expresión teológica y de la universalidad del carisma de la Orden de Predicadores.

El predica con su pincel y el color,  sus obras son la homilía perfecta que llega a todos los que la aprecian, la manifestación de la profundidad de su contemplación, el lenguaje pictórico que crea mediaciones no necesariamente literarias para el anuncio del Evangelio, moviendo el espíritu de quien las contempla hacia la oración horas serena.  Treinta y siete años después de la muerte de Fra.  Angélico aparecen los nuevos horizontes de predicación en las tierras descubiertas por Cristóbal Colón en 1492.

En el nuevo reino de Granada, los dominicos tuvieron que asumir el privilegio y las exigencias que les planteaba el hecho de estar entre los primeros misioneros y, por tanto,  imprimiendo a su estilo propio de predicación en las recientes tierras descubiertas.

Templos y conventos fueron construyéndose a la par con pueblos y ciudades.

Así surge el convento de Santo Domingo de Tunja,  fundado en 1551,  casi tan antiguo como la ciudad, donde la tarea evangelizadora de los frailes tuvo su epicentro y desde donde cubrió los extensos territorios hasta Venezuela y auxilio espiritualmente a una población muy grande de indígenas criollos y mestizos  particularmente.

El culto y la catequesis estuvieron en un tiempo unidos y complementados dentro del proceso de la evangelización.   Las celebraciones religiosas populares,  litúrgicas y devocionales,  tenían por sí mismas una función catequética.  Tal función cumplía especialmente los cantos populares con letras de tipo instructivo, los cuadros representativos de pasajes bíblicos y vidas de los santos, las obras teatrales con distintos motivos de carácter religioso, las procesiones con sus pasos, estandartes y demás signos,  todo dentro de un orden pedagógico sencillo pero útil para expresar de una manera visual y sonora los grandes temas de la vida cristiana y grabarlos en la memoria del Pueblo.

Desde aquellos lejanos años los frailes adornaron con obras de arte religioso sus conventos y templos.

Se instalaron pronto talleres de pintura,  escultura, platería y entalladura ,  incluso en algunos de los conventos.

El arte del Viejo Mundo, sin abandonar ciertas constantes, se conjugó con los motivos precolombinos del Nuevo Mundo.  En las manos de los indios florecieron obras que no sólo serían elemento decorativo, sino expresión de sus creencias,  de su tierra y de su raza.  El pueblo vencido se halló dignificado en los retablos, esculturas y lienzos de los altares de la Divinidad,   tal como se puede apreciar actualmente en los convento de Santo Domingo de Tunja y de Santo Ecce Homo.

Templos y conventos se convirtieron en monumentos que conservan aún el testimonio de la enseñanza de las letras sagradas y la doctrina cristiana, conjugados con el patrimonio de la mitología nativa expresada muchas veces en el arte.  Por ello,  podemos hallar el sol, la luna, las estrellas o aves tropicales incrustadas en rosarios, corderos,  cruces y otros elementos de la simbología cristiana.

Desde hace varios años los frailes del Convento de Tunja han sido cautos para guardar y conservar el patrimonio artístico heredado de sus hermanos y de los fieles que nos han antecedido en siglos de existencia,  con verdadero celo y respeto por todo este tesoro que constituye un testimonio de nuestra historia en la ciudad de Tunja Y en la región de Boyacá.

En años anteriores varios religiosos contribuyeron con su ingente trabajo y esfuerzo al inventario catalogación de la sobras contenidas tanto en el convento como en el templo parroquial.  Ya hace unos 10 o 12 años que fue organizado un primer museo dentro del antiguo convento,  ocupado ahora por la Universidad Santo Tomás.

 Recientemente,  con motivo de la celebración de los 450 años de fundación del convento,  la comunidad   conventual se propuso preparar un lugar digno para exhibir y mostrar al público algunas de las obras, mientras se realiza la restauración de otras con la ayuda de expertos.  Esta es la razón del museo que abren las puertas para el público.

A los frailes dominicos que han vivido en el convento de Tunja, y  han gestado esta maravillosa idea hecha realidad,  a la memoria de nuestros antepasados y de los dominicos que han muerto en la búsqueda de la verdad para ser anunciada a los hermanos, y a  tienes hoy siguen construyendo en el carisma dominicano, les dedicamos con profundo cariño esta nueva inauguración y esta exposición realizada gracias a todos los que la hicieron posible,  como la Provincia Dominicana de San Luis Bertrán de Colombia, la Universidad Santo Tomás y los colaboradores en la investigación, restauración,  diseño y montaje.

Fray Carlos Ariel Betancourt Ospina , O.P

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