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LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL ROSARIO

Lugar muy importante entre las devoluciones dominicanas ocupa la Virgen del Rosario. Esta forma de oración fue creada por el mismo Santo Domingo,  a partir de una revelación de la Virgen,  quien le entregó el rosario en tiempos de su predicación   en el Languedoc (Schenone 1992:  269).

La devoción revistió singular importancia en nuestro país a causa del milagro de la revelación en Chiquinquirá del cuadro con la imagen de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús acompañados de San Antonio y San Andrés que había sido pintado por el sevillano Alfonso de Narváez en 1555, a comienzo del periodo colonial.  Los milagros de esta imagen promovieron una gran devoción extendida por todo el territorio Y difundida a través del tiempo por otros países de Iberoamérica tales como el Ecuador,   Perú y Guatemala,   entre otros.  La Virgen de Chiquinquirá es por eso la Patrona de Colombia.

En el entonces recientemente fundado templo de Santo Domingo de Tunja se construyó el magnífico retablo de Nuestra Señora del Rosario, verdadera joya del arte colonial, con el cual se aspiraba a que los fieles, ante las realistas escenas de la Vida del Señor,  narradas a través de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos lograran realizar una profunda y verdadera meditación cristiana.

El convento de Santo Domingo de Santafé por su parte encargó al pintor Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos (1638-1711) una serie de óleos sobre la vida del santo fundador, de la cual quedan algunos cuadros dispersos en los conventos dominicanos, el Museo de Arte Colonial de Bogotá y en colecciones particulares.  Varias de las escenas de este ciclo se repitieron para monasterios e iglesias de la Orden en otras ciudades y pueblos el Nuevo Reino.

Gradualmente los templos e iglesias doctrineras se enlucieron con retablos en los cuales se colocaban cuadros y esculturas en retablos magníficos encargados a España o a los artistas locales,  con escenas de la vida de Cristo o de la Virgen y de los santos de devoción, pagados por la Comunidad y por los fieles,  a través de las Cofradías.

A más de los mencionados santos dominicanos, y de la Virgen del Rosario,  la Orden de Predicadores de Santo Domingo se distinguen en el mundo por haber tenido un amplio repertorio de devociones a través de las cuales se expresan casi todos los aspectos de la vida cristiana.  En consecuencia, para el caso de la Nueva Granada gracias a las numerosas imágenes de los templos y conventos se puede hacer un seguimiento no sólo de las devociones que se establecieron y practicaron desde tiempos muy temprano en nuestro territorio, sino también de la participación de nuestros artistas:  pintores, escultores, doradores y carpinteros quienes a través de estos trabajos,  contribuyeron al desarrollo del arte colonial.

La presente exposición tiene como objeto mostrar al público parte de la colección de obras de arte que sirvieron a los Dominicos para la evangelización en el periodo colonial, rescatadas de los antiguos templos y conservadas con el propósito de formar un gran Museo de Arte Religioso en el cual se preserve, rescate,   estudie y difunda esta memoria.

Este esfuerzo de la Comunidad por abrir el primer Museo de Arte Colonial de Tunja tendrá enorme trascendencia a favor de la valoración y conservación de nuestro patrimonio nacional.  A través de las exposiciones que gradualmente se inteligente en el público, una vez restauradas las demás obras que hacen parte de la colección, se podrán examinar las formas en que fue asumida la evangelización,  la difusión de las ideas,  el patronazgo de los fieles para encargar cuadros y esculturas, tanto por parte de los españoles avecindados en el nuevo reino como del de los naturales,  a través de las diversas Cofradías y hermandades.

Este esfuerzo no ha de concluir con las obras actualmente rescatadas, sino que ha de continuar enriqueciéndose con otras sobras extraviadas, desconocidas o refundidas en colecciones privadas o institucionales.  Es muy importante que la ciudadanía en general conozca y aprenda a apreciar esta excelente selección de nuestro patrimonio,  no sólo por su valor estético e intrínseco de las obras allí expuestas,  sino por el mensaje que ellas llevaron a nuestros antepasados,  porque con ellas se creó el ambiente místico que conmovió su espíritu y por lo tanto en ellas se encuentran muchos de los valores de nuestra cultura.

Marta Fajardo de Rueda

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