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LOS DOMINICOS Y EL ARTE COLONIAL EN TUNJA

Con el lema de penetrar en el conocimiento, promover la conversión a la fe cristiana y elevar el espíritu hacia Dios, se adhirió la Orden de Santo Domingo de Guzmán a la empresa de conquista y colonización del nuevo mundo.  Los frailes enriquecieron la prédica con el apoyo permanente de las imágenes, las cuales resultaban ideales para la enseñanza de la doctrina en un pueblo iletrado.  Fue extraordinaria e indeclinable labor evangélica le llevo por todo los territorios de América y por las islas Filipinas,  de tal manera que prácticamente no hubo región alguna de las colonias en donde no se hubiera sentido su influencia ( Zamora 1945 : 187).  Entre las figuras más destacadas de la Orden y por lo tanto más frecuentes en su iconografía,  se encuentran la eso fundador,  Santo Domingo de Guzmán,  la del teólogo Santo Tomás de Aquino,  de la Terciaria dominica Santa Catalina de Siena y Santa Catalina de Alejandría, patrona de los conventos femeninos de Santo Domingo,  sobre quienes se pintaron series que relatan sus vidas,  sus acciones,  éxtasis y milagros.

La provincia de Tunja,  hoy conocida como el departamento de Boyacá,  aún conserva un importante acervo artístico de obras coloniales dentro del que se destaca la colección del Convento y del Templo de Santo Domingo,  compuesta por obras de pintura, escultura y artes decorativas de los primeros tiempos coloniales, así como de los siglos XVIII y XIX.

 Si bien sobre estos últimos no se han hecho aún estudio detenidos se sabe que vivieron y trabajaron en Tunja el maestro romano Angelino de Medoro, quien llegó a la ciudad hacia 1587 procedente de Sevilla,  luego de pasar por Santa Fe.

Pintó varios cuadros para la orden de Santo Domingo, para la catedral, Y para el convento de Santa Clara. ( Acuña:  1964: 39)

A través de sus obras estos maestros y sus seguidores dejaron los numerosos rasgos del Renacimiento y del Manierismo que aún se observan en construcciones y obras de arte de la región.

Es importante señalar que, en Tunja,  a comienzos de la colonia,  vivieron ricos encomenderos entre quienes se contaban escritores e intelectuales,  dueños además de importantes bibliotecas, que conformaron un ambiente culto, el cual dio lugar, a que se hicieran encargos a los artistas y artesanos para que la ciudad se enluciera tanto con pintura mural en muchas de sus casas como blasones en las portadas.

Uno de los primeros talleres de pintura del Nuevo Reino fue establecido en Turmequé por el sevillano Baltazar de Figueroa,  a fines del siglo XVI.  Desde allí impartió las primeras enseñanzas a sus hijos, quienes las prolongaron a su vez en sus descendientes hasta bien entrado el siglo XIX.

Los encargos a Santafé,  la capital del reino,  también fueron frecuentes, Como lo muestra los documentos de archivo y la presencia de obras con las que los artistas santafereños atendieron las solicitudes de conventos, templos y casas particulares de esta región.  De modo que aún se conservan en Tunja obras de los Figueroa,  de Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos,  así como de los talleres de Antonio Acero de la Cruz y de los hermanos Fernández de Heredia.

El convento de Santo Domingo tuvo una primera fundación en 1551 y luego se trasladó al   sitio actual es 1559 en donde se realizó la construcción definitiva que finalizó en la primera década del siglo XVII.  La construcción de la Catedral se inició es 1560 y estuvo primero dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe y luego al Apóstol Santiago. En un proceso notablemente rápido para la época, la ciudad se fue enluciendo con la edificación de los demás conventos, Iglesias y casas particulares.  Las diversas influencias que se encuentran en las producciones locales fueron señaladas con acierto por el historiador español Santiago Sebastián con las siguientes palabras:

……  Ninguna ciudad de la Nueva Granada nos ofrece una visión tan completa del desarrollo del arte colonial.  Es verdad que el neoclásico no está representado, pero hay muestras muy elocuentes del gótico isabelino,  del mudéjar,  del plateresco, del manierismo,  del barroco, del rococó,  del arte mestizo.  La época dorada corresponde al siglo XVII, cuando el maridaje de formas mudéjares, manieristas y barrocas cobró personalidad propiamente tunjana bajo la fuerte raigambre indígena de la tierra boyacense…. ( Sebastián 1963:  40).

La impronta del arte de la contra-reforma fue muy importante en nuestro arte colonial.  Es un notable el énfasis en el mensaje que debían llevar las obras para conmover los espíritus e inclinarlos a los a la piedad.  Como respuesta a la reforma Protestante, los católicos renovaron hicieron su propia reforma por medio de la renovación de la vida espiritual y de la oración que se llevó hasta el misticismo.  El arte religioso debió entonces someterse a los mandatos emanados del Concilio de  Trento,  reunido  en esta ciudad italiana entre los años  de 1542 y 1563,  con no pocas interrupciones,  aunque como ha podido comprobarse prácticamente en todo el mundo católico,  la iglesia.

después del concilio de Trento no siempre impuso sus representaciones del Evangelio una disciplina rigurosa a los artistas.

Esta última consideración resulta muy aplicable al caso americano y en particular al de Tunja,  en donde se   observan con frecuencia pervivencias antiguas, de origen medieval,  más inspiradas en los Evangelios Apócrifos o en las leyendas de los santos que en las prescripciones de los Tratadistas   de arte.

Los artistas tomaban los modelos para sus obras tanto de los libros y de los numerosos grabados europeos que llegaban a las colonias,  Como de los cuadros que circularon por todo el continente, por lo general llevados de una ciudad a otra por los mismos religiosos.

Marta Fajardo de Rueda

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