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Orden de Frailes Predicadores

Orden de Frailes PredicadoresDominicos Tunja

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La Orden de Santo Domingo de Guzmán es una comunidad de más de 800 años de fundación enviada a predicar el Evangelio por todo el mundo. Somos los Predicadores que nuestro Santo Patriarca consolidó como luz de la Iglesia y anunciadores de la Gracia;  su fundación fue aprobada con la publicación de las Bulas promulgadas por el Papa Honorio III confirmando la fundación de la Orden en 1216.

Domingo de Guzmán, preocupado por los problemas del mundo, de la Iglesia y del ser humano, sintió la necesidad de fundar una Orden que Alabe, Bendiga y Predique a Cristo. Nació la Orden, fortalecida con la oración de las Monjas contemplativas, y la familia se fue ampliando con los laicos y las hermanas de vida apostólica.

Los más de 800 años de nuestra historia dan cuenta de una Orden al servicio de la Iglesia, en la que hemos aportado a la santidad, a la reflexión teológica y filosófica. Somos conocidos por el aporte al arte, la ciencia, la geografía y diferentes áreas del saber. Somos parte del desarrollo histórico en estas tierras donde también han germinado santos como: Santo Tomás de Aquino, San Luis Bertrán, San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima; además de muchos testimonios de santidad que han defendido los Derechos Humanos en nuestras tierras como Fray Bartolomé de las Casas y Fray Antonio de Montesinos.

Santo Domingo también nos inculcó la devoción de nuestra Madre protectora mediante el rezo del Santísimo Rosario; esta oración, propia de la Familia Dominicana y ahora de la Iglesia, encarna el Evangelio y la oración con Cristo. Nuestra advocación mariana en la Provincia San Luis Bertrán de Colombia es a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Reina y Patrona de Colombia con aprobación pontifica desde el año 1829 y 1910 respectivamente. La Orden de Predicadores sigue con ímpetu la predicación del amor a Jesucristo, desde su fundación no se ha dividido y sigue llena de esperanza abierta a más personas solidarias que deseen abrazar el carisma y ofrecer su vida al servicio de la evangelización en oración, estudio y vida común; contemplando y dando a los demás el fruto de lo contemplado.